
30 Jul El dardo de la palabra
El título no es casualidad. Se lo tomamos prestado a Fernando Lázaro Carreter, filólogo y expresidente de la Real Academia Española, que durante veinte años lanzó dardos contra los malos usos del lenguaje desde la prensa. En FEKOOR lanzamos el nuestro contra uno solo, muy concreto: el que nos hiere cada día.
Hace algo más de dos años, en febrero de 2024, celebrábamos un hito histórico: el Congreso borraba por fin la palabra «disminuido» del artículo 49 de la Constitución, un término que olía a naftalina y a un paternalismo rancio. Nos sentimos, ingenuamente, un poco más parte de la sociedad, un poco más iguales. Creímos que el cambio legislativo empujaría, por fin, el cambio cultural. Qué equivocación la nuestra. Hoy, la realidad nos abofetea con la misma vigencia de siempre: el lenguaje hiriente, viejuno y retrógrado sobre la discapacidad sigue campando a sus anchas, no solo en la sociedad, sino también en los medios de comunicación y, dolorosamente, incluso entre las propias personas con discapacidad.
Es curioso cómo las palabras, aparentemente inofensivas, pueden convertirse en dardos envenenados. Y es más curioso aún cómo, a pesar de las campañas, de las guías y de la propia ley, seguimos clavándonos esos dardos una y otra vez. ¿Acaso no es hiriente seguir escuchando «discapacitado» o «discapacitada»? Una palabra que nos reduce a una carencia, que nos quita la humanidad antes de darnos una identidad. ¿O «inválido»? Un término que nos equipara a un objeto defectuoso, algo que no funciona bien. ¿Y qué decir del paternalismo asfixiante de «personas con capacidades diferentes»? Una frase que, bajo la apariencia de inclusión, nos infantiliza y nos segrega de nuevo.
Los medios de comunicación, en su supuesta búsqueda de la verdad, a menudo se convierten en cómplices de este lenguaje discriminatorio. Titulares sensacionalistas, reportajes superficiales, entrevistas que nos retratan como superhéroes o como víctimas… Todo ello perpetúa los estereotipos y nos impide ser vistas y vistos como lo que somos: personas con una vida, con deseos y con derechos, no solo con limitaciones.
Y sí, hay que decirlo: hay personas con discapacidad que también utilizan ese lenguaje hiriente. Quizá por desconocimiento, quizá por costumbre, quizá por una internalización de los prejuicios sufridos toda una vida. Es doloroso, pero es una realidad que no podemos ignorar. Es parte de la tarea que tenemos por delante: reeducar, no solo a la sociedad, sino también a quienes formamos parte de este movimiento.
Pero no nos rendiremos. En FEKOOR y desde el movimiento de la discapacidad seguiremos insistiendo. Seguiremos exigiendo que nos llamen «personas con discapacidad», porque esa es nuestra identidad, porque así queremos que nos vean y porque así queremos que nos traten: con dignidad y con respeto.
Y si alguien tiene dudas sobre la vigencia de este lenguaje retrógrado, solo tiene que mirar la foto que acompaña este artículo: un cartel en un bar que reza «Aseos Caballeros Minusválidos». ¿Minusválidos? ¿En pleno siglo XXI? Es un insulto. Un dardo más. Un recordatorio doloroso de que la igualdad real sigue siendo una quimera.
Nos costará, sí. Pero no cejaremos en nuestro empeño. Porque cada vez que nos rebelamos contra una palabra hiriente, cada vez que reclamamos nuestro derecho a ser llamadas y llamados por nuestro nombre, cada vez que exigimos ser vistas y vistos como iguales, estamos un paso más cerca de la sociedad que merecemos. Una sociedad sin dardos, una sociedad sin palabras hirientes. Una sociedad, por fin, justa y libre.
P.S. Para quienes quieran profundizar en el uso del lenguaje en el ámbito de la discapacidad, recomendamos la guía elaborada por EDEKA (Coordinadora vasca de Representantes de Personas con Discapacidad), un manual imprescindible para cualquiera que quiera hablar y escribir con respeto y con dignidad. El enlace está aquí: https://drive.google.com/file/d/1X_0F90Bf_f5_aKkd1dVSh_6Dm0nX6ZpJ/view.


